Diez
veces al día, al menos, un venezolano en el mundo dirá: Chávez y Jesucristo, dos
personajes diametralmente distinto pero invocados con la misma fuerza y
recordados con semejanzas. Diez veces.
Hugo Chávez,
fue un venezolano que tras una intentona de un golpe de Estado y pese a su
fracaso, logró llenarse de gloria y tomó el control de Venezuela, con votos y
por la puerta del frente.
Amado
en su patria por la populista promesa del socialismo se inmortalizó como
"el presidente de los pobres".
Largas
jornadas de peregrinación en la calle, entre los pueblos más pobres, le sirvieron para predicar la palabra
revolucionaria, inyectar en la espina dorsal la enorme fe en él, y sin ser poeta, ni mucho menos, la gente escuchó
su palabrería y le aplaudió, y le amó
hasta gritar: ¡Viva Chávez!
Y
mientras, Jesús, hijo de Dios, fue
enviado para salvarnos del pecado, Chávez , que no lo envió nadie, se tenía en mente como el enviado para salvar
a su tierra de la temible burguesía parasitaria que solo quería dejar al pobre
siendo pobre y al rico, más rico.
Lo medio logró. La medio salvó: el rico no es más rico de lo que deseaba ser,
pero el pobre está igual, aunque a este último no le importó, porque su fe fue más
grande que su bolsillo, la felicidad brotó como flores y el sol brilló tanto
que los cegó.
Cuatro
evangelios de la Biblia dicen Jesús hizo el milagro de la multiplicación del
alimento. Hugo tuvo los suyos, maravillosas
victorias en el pueblo que cada día creía a más gente en él y en su palabra.
No
hubo Poncio Pilato que le pudiera crucificar. Estuvo invicto en todas las
elecciones presidenciales que participó, y cuando muchos no creían en él, Hugo les
recordaba: "No volverán"
De
carne y hueso, le llegó la muerte y no hubo resurrección a los tres días pero si
un sucesor unos meses más tarde. Había
muerto, pero la fe seguía en pie y imperturbable.
Sus frases inmortales mantenían la vida y se
decían con amor y esperanzas.
Ahora en
Venezuela, “Chávez se multiplicó en millones”,
viven en cada uno de los venezolanos que se persignan al son de “El
Chávez nuestro”, es oración, estampita y estatuilla.
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